Querido hijo,
Aunque todos la persigamos la felicidad absoluta es difícil de alcanzar, hijo. 2.011 fue un año inolvidable con grandes acontecimientos que marcaron el ritmo de mi vida en los años sucesivos. Por una parte finalicé mi licenciatura y comencé un Máster oficial de gestión cultural. Fue el momento de decir adiós a cinco años, esos maravilloso locos años universitarios, dejar atrás el día a día de una familia, la de los segovianos y mahonitas, hoy repartidos por toda la geografía europea, a los que nunca podré olvidar. Sextito, Publicatessen, el viaje a Cuba o a los países nórdicos, la graduación... Fueron el colofón emotivo a una época sencillamente perfecta.
Fue 2.011 el año que entré a formar parte de la corporación municipal con la ilusión de mejorar aquello que más quería, con la esperanza de construir un Rioseco mejor. Diálogo, paciencia, dedicación sin condiciones, empeño, equipo, escucha, lealtad, sentimiento de pertenencia... son sólo algunos de mis principios que también formaron parte de los inicios de mi actividad política. Cuando uno decide dar un paso de estas características puede llegar a hipotecar, en cierto sentido, su vida, pero en el camino un millón de triunfos, alegrías y aprendizajes.
Albergamos la exposición cultural con mayor número de visitas en España de todo el año. Las Edades del Hombre llegaron a Rioseco. Sin duda, un acontecimiento histórico y apassionante.
Celebramos el XV Aniversario de la Refundación de la Banda Municipal de Música de Medina de Rioseco y la empresa sirvió para indagar en nuestra historia, para homenajear a esas generaciones de músicos que desde el siglo XIX se habían dedicado en cuerpo y alma a ello. De alguna manera u otra recibimos el testigo de su legado. Y el 2.011 sirvió para devolver parte de esa distinción.
Nunca olvidaré el pregón de las Fiestas del Cristo de la Vega de Tordehumos de aquel año. Pregonero Mayor. Siempre me había sonado a distante, a respetuoso, a responsabilidad reservada a un reducido grupo de personas. Tampoco podré olvidar lo aquella tarde viví en la Iglesia de Santiago rodeado de todo un pueblo del que me había sentido muy querido, del que me había sentido muy vecino. Y eso, es mucho.
Parafraseando aquella tarde "el recuerdo es el único paraíso del que nunca podremos ser expulsados". Y multitud de recuerdos florecieron en este 2.011 de seres muy queridos que siempre llevaré muy adentro. Hijo, aquel año fallecieron tres de tus bisabuelos: Coleta, Nicomedes y Alejandro.
Demasiadas ausencias.
- Háblame de ellos, papá.
Siéntate, voy a preparar café.
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