martes, 19 de octubre de 2010

¿Qué es el consumo? Una mirada sociológica.


Consumo. Si googleamos esta palabra que proviene del latín consumĕre (cuyo significado es gastar o destruir) nos encontramos con cerca de 64 millones de entradas, número considerable si tenemos en cuenta que “Real Madrid”, fenómeno de masas en el mundo entero no supera los 40 millones de entradas.

Acudamos a la RAE:

Consumo.

I. Acción y efecto de consumir.

II. Dicho de la sociedad o de la civilización: Que está basada en un sistema tendente a estimular la producción y uso de bienes no estrictamente necesarios.

Pero… ¿en qué consiste exactamente la acción de consumir? ¿cuáles son sus efectos? ¿Cómo podemos estar ante una Sociedad de consumo si no hay solvencia económica en nuestros días?

Éstos son algunos de los interrogantes que nos planteamos para definir estas siete letras desde un prisma sociológico.

Consumir es satisfacer nuestras necesidades y deseos. Apropiarse de algo hasta su aniquilación total, hasta destruirlo, de tal forma que las necesidades vuelven a aparecer toda vez que ese “algo” se haya gastado. Curioso, la etimología nos sigue sirviendo para definir el concepto desde tiempos inmemoriales hasta hoy.

El tiempo estimado de consumo de un producto es un índice que nos servirá para medir el grado de consumismo en una sociedad determinada. Vaya por delante que nadie en ningún tiempo o lugar pudo sobrevivir sin consumir algo, pero tenemos que reconocer que el consumo en nuestra sociedad se efectúa compulsivamente.

Y es que hubo un momento en la historia en el que vivíamos para producir (Modernidad), en el que todos teníamos; o mejor dicho, tenían una función, un rol en la sociedad que comienzan a manifestar a través del consumo. Consumo para expresarme en una sociedad que comienza a tener un código emergente: el del Consumo.

Sucede que este código ha revolucionado el estilo de vida de la Sociedad. Hemos creado un “monstruo”, que ha superado a buen seguro las expectativas. Estoy seguro que aquellos que vivían la irrupción del fordismo (producción en serie orientada al consumo uniformado + salarios suficientes para incentivarlo) a comienzos del siglo XX no podían imaginar que un niño de seis años en el siglo XXI iba a estar marcado desde el calzado hasta las gafas, pasando por la firma del plástico del bollito para almorzar o el estuche en el que guardar las pinturas, siendo estas marcas una forma de comunicarse con más efectividad que el propio bagaje cultural del niño. Que todos estos caprichos marcarían la identidad, o mejor, identidades sociales del individuo.

Es tal la capacidad de elección que aunamos que acudimos a un centro comercial para meter en la carrito de la compra (carrito de la compra que debería llevar un cartel de AUTOCONSTRUCCIÓN DE IDENTIDADES) nuestros productos de socialización, qué ironía.

Además no debemos pasar por alto que estos productos están concebidos, como decía Steiner para producir un impacto máximo y caer en desuso de inmediato y de esta forma el individuo vuelva a ser seducido de nuevo para satisfacer sus necesidades, concepto que se confunde con el del deseo.

El dinero ha sido el vehículo que permitía saciar la sed de la segunda naturaleza con apariencia biológica como denominaba Marcuse: impulsos, instintos, necesidades, deseos corporales… Sólo y exclusivamente el vehículo. Y no el signo que diferencia estamentos en la sociedad, como antaño.

Pero hoy en día no hay dinero, estamos en crisis. ¿Y qué importa? La sociedad de consumo sigue su curso sin dinero. Es sólo una conexión a Internet lo que se necesita para seguir mostrando tu identidad a través del consumo. Por ejemplo, consumo una red social, agrego una foto –de lo que quiero mostrar al público, creo un perfil y listo. O compro una camiseta de mi equipo favorito en una página japonesa que me cuesta 20 euros y prácticamente no se nota que es falsa… “Downsizing” aplicado a todo.

El capitalismo evoluciona y la sociedad de consumo continúa siendo su forma de expresión.

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